Rechazó representar a su país en los Juegos Olímpicos, se negó a ingresar a la policía, rompiendo una larga estirpe de agentes de la ley, y aunque no lo hizo a propósito, se dijo que no a sí mismo.
Con veinticinco años recién cumplidos, James estaba más perdido que nunca, sin saber quién era ni qué quería en la vida.
Harrison era el mayor de dos hermanos y siempre supo exactamente cuál era su camino. Apenas alcanzó la mayoría de edad, se mudó a Virginia y entrenó durante años para convertirse en SEAL. Dejó atrás a su familia y a sus amigos, olvidándose de todo para cumplir su misión. Pero en uno de sus permisos para volver a casa se dio cuenta de situaciones a las que llevaba sin prestar atención durante años, sobre todo desde aquel 4 de julio en que James hizo algo que lo cambió todo.